En el hospital, el ambiente era tenso y sombrío. El olor a desinfectante impregnaba el aire, y las luces brillantes iluminaban los pasillos de una manera casi cruel.
Tarah estaba muy asustada, su corazón latía con fuerza en su pecho mientras la llevaban a la sala de emergencias.
Aunque logró estar consciente, su cuerpo no estaba bien; la palidez de su rostro y la fragilidad de su respiración eran alarmantes.
Jeremías, por su parte, sentía un miedo terrible que lo consumía. Era como si una sombr