CAPÍTULO 27
La casa de las puertas cerradasEl rugido de Alexander resonó en el mármol y la caoba de la mansión, una onda expansiva de furia pura. En sus brazos, el cuerpo de Samantha era un peso muerto y frágil. La mancha de sangre en su camisón era una flor macabra que se expandía, robándole el color y la vida.—¡Marcus! —volvió a gritar, y su jefe de seguridad de pie en el umbral de la suite, su rostro era normalmente impasible, ahora era una máscara de alarma.— Llama a mi equipo médico privado. Diles que es código rojo. La ambulancia más cercana, ¡AHORA! Y cierra esta casa. Nadie entra, nadie sale. ¿Entendido? ¡Nadie!Mientras Marcus ladraba órdenes en su comunicador, el personal de la casa se arremolinaba en los pasillos, un manojo de susurros y miradas aterradas. La señora Davis se abrió paso entre ellos con la autoridad de un general.—¡Dejen de estorbar como gallinas asustadas! —espetó, su voz cortante como un lát