CAPÍTULO 28
El diablo ofrece un tratoEl hospital era un purgatorio de paredes blancas y olor a antiséptico. Alexander no se sentó. Merodeaba por la sala de espera privada como un lobo enjaulado, con el teléfono pegado a la oreja. Por un lado, recibía informes médicos crípticos y aterradores; por otro, las actualizaciones de Marcus desde la fortaleza en que se había convertido su hogar.—¿Ha hablado? —preguntó Alexander, su voz era un susurro peligroso.—Aún no, señor. Está en la biblioteca. Asustada.—Bien. Que siga asustada.Horas después, un médico con cara de cansancio salió del quirófano.—Señor Hale. Logramos detener la hemorragia. La señora Hale está estable, pero sedada. Ha sido… un episodio muy severo. Las próximas veinticuatro horas son críticas.—¿Y mis hijos? —la pregunta salió de Alexander con la fuerza de una bala.—Siguen con vida. Pero son extremadamente vulnerables. El estrés al qu