«Ay, lo que me faltaba para completar mi semana de pesadilla: llevar a la casa de mis padres a un hombre apuesto para que, inevitablemente, a Miranda se le descontrolen las hormonas y empiece su jueguito de seducción barata. Aunque, pensándolo bien, apuesto… Mmm, este italiano no es ni de lejos tan atractivo, magnético o imponente como lo es Gabriel».
—¿Señorita Mía? ¿Ocurre algo? —pregunta Roberto, sacándome de mis pensamientos.
—Sí, sí, lo siento. Bueno, vamos, que mis padres deben estar espe