Las semanas habían comenzado a fluir con una armonía que, hasta hace poco, me parecía un concepto abstracto. La tormenta legal que el padre de Antonio había desatado se había disipado como el humo tras una ráfaga de viento limpio. Con su detención y la revelación de sus manejos fraudulentos, la tranquilidad regresó a nuestras vidas, no como un respiro momentáneo, sino como una estructura sólida sobre la cual estábamos construyendo nuestro hogar.
La mansión victoriana, lejos de ser el monumento