Gabriel pasaba horas en su estudio, no solo revisando contratos, sino analizando los movimientos financieros de la corporación Salazar. Había descubierto que el padre de Antonio no solo estaba atacando nuestros hospitales por despecho, sino para ocultar un desfalco masivo que amenazaba con hundir todo el imperio que la familia Salazar había construido durante décadas.
—Es un juego sucio, Mía —me confesó una noche, mientras Alis dormía profundamente en su cuna—. El padre de Antonio está intentan