Me cruzo de brazos lentamente y lo observo con una mezcla de fastidio y curiosidad, tratando de descifrar las intenciones detrás de su repentino cambio de tono. —Uhm, ¿qué tal si dejas de quejarte por un momento y tomas seriamente en cuenta la proposición de mamá? —sugiere Alex, apoyándose con ligereza contra el borde de mi escritorio. —¿Cuál de todas sus descabelladas ocurrencias? —Enarco una ceja, mirándolo con desconfianza. —Lo del matrimonio, Gabriel. Sabes perfectamente a qué me refiero. —No. Rotundamente no —respondo de inmediato, cortando cualquier posibilidad de discusión. —Vamos, hermano, piénsalo con la cabeza fría. Eso te beneficia mucho en el ámbito empresarial, limpiaría tu imagen de soltero codiciado y te daría la estabilidad que los inversores buscan. Además, mírate, a tus treinta años ya deberías al menos tener dos hijos corriendo por la casa, ¿no crees? Es lo que se espera de alguien en tu posición. —¡No! No quiero casarme, ni ahora ni nunca —sentencio, visibleme
Leer más