El silencio en la suite era tan espeso como el aire antes de una tormenta.
Ellos seguían ahí, en el sofá, separados solo por unos centímetros… y por el miedo a lo que pasaría si los borraban.
Marcos había bajado la guardia. No la había presionado, no había cruzado la línea.
Pero la forma en que la miraba…
la forma en que la respetaba sin ocultar lo que deseaba, hacía que el corazón de Isabella latiera con un ritmo que ella misma desconocía.
Se sentía viva.
Deseada, sí… pero sobre todo, vista.
É