El vapor aún llenaba el baño cuando Isabella cerró la puerta tras de sí. Llevaba puesta una bata suave de algodón blanco, su cabello húmedo recogido en un moño bajo, y el rostro sin una gota de maquillaje. Caminó descalza por la habitación, y al llegar al borde de la cama, se dejó caer con un suspiro pesado, cargado de pensamientos que le revolvían el alma desde hacía horas.
El paseo había sido ligero, tierno. Sofía la había hecho reír, Leo era adorable y… Fernando. Fernando había sido amable,