Marcos se encontraba en la mansión, solo por unos instantes, con el corazón latiéndole con fuerza y una mezcla de nervios y emoción recorriéndole cada fibra del cuerpo. El día estaba avanzado, el sol comenzaba a bajar lentamente, proyectando sombras cálidas en los muros elegantes de la casa. Había decidido que antes de cualquier cosa, necesitaba hablar con alguien que siempre lo había comprendido, alguien cuya opinión y experiencia confiaba por completo: su tía Victoria.
Con pasos firmes, pero