La velada continuaba envuelta en un halo de elegancia y misterio. La subasta había sido todo un éxito y los asistentes comentaban emocionados las piezas adquiridas, entre risas, copas y música de fondo. Las luces del salón se atenuaron sutilmente, mientras en el centro del lugar se desplegaba un espacio amplio y perfectamente iluminado, dispuesto especialmente para la segunda parte de la noche.
Victoria, impecable y serena, se levantó de su asiento en primera fila. Caminó hasta el centro del es