Stephan
El chirrido de los neumáticos aún resonaba en mis oídos cuando mis piernas comenzaron a moverse por instinto.
Corrí hacia los contenedores, para perderme en el laberinto de metal oxidado y sombras densas. El aire frío se colaba entre las estructuras, trayendo consigo el eco de las pisadas apresuradas y órdenes en ruso.
Intenté llegar a dilucidar a través de sus voces cuantos hombres eran. Aunque parecía imposible, mi mente estaba por todos lados y me sentía aturdido por la adrenalina y