Parte dos:
Los monstruos también aman.
“—¡Día odioso en que recibí la vida! —exclamé con agonía—. ¡Maldito creador! ¿Por qué creaste un monstruo tan horrible que incluso tú me rechazaste con asco? Dios, compadecido, creó al hombre hermoso y atractivo, a su imagen; pero mi forma es un repugnante ejemplo tuyo, más horrible, incluso por su misma semejanza. Satanás tenía a sus compañeros, demonios, que lo admiraban y lo animaban; pero yo soy un solitario y aborrecido Frankenstein”.
Mary Shelley, F