NAHIA
El silencio se instala de nuevo, compacto, pleno, casi reconfortante después del asalto, como si la normalidad recuperada, el tintineo de los cubiertos, el vaso que reposa suavemente sobre la mesa, pudieran cubrir lo que acaba de hacer con ese barniz de decoro que maneja tan bien, como si todo ello no fuera más que una mala pesadilla, un desliz, un escalofrío pasajero.
Se endereza lentamente, bebe un último sorbo, se seca la boca con un gesto preciso, luego coloca su servilleta sobre la me