NAHIA
Él no se apresura, nunca se apura, se toma su tiempo, ese tiempo que modela como si fuera arcilla ardiente entre sus dedos, ese tiempo que pliega alrededor de mí, alrededor de mi aliento, alrededor de mi vientre, ese tiempo que me arranca y que yo sigo tendiéndole, desnuda, ofrecida, sin siquiera saber por qué.
Sus dedos rozan el borde del plato, ligeros, precisos, casi despreocupados, luego elige un trozo de chocolate, negro, denso, perfecto, un destello brillante bajo la luz demasiado b