NAHIA
El silencio cae de inmediato tras la llamada, pesado, asfixiante, como si cada espejo hubiera absorbido mi voz y la repitiera en secreto, como si las paredes mismas conocieran ahora la mentira que acabo de decirle a mi madre. Dejo lentamente el auricular en su base, mis dedos permanecen un instante fijos sobre él, incapaces de desprenderse, como si este simple gesto cortara para siempre el frágil hilo que aún me unía a ella.
Me enderezo apenas y mis ojos encuentran mi reflejo multiplicado