NAHIA
Permanezco ahí, en sus rodillas, inmóvil en apariencia, pero por dentro todo vibra, todo tiembla. Mi aliento no es más que un hilo frágil, como si retuviera con un hilo la presa que amenaza con ceder. Sus dedos apenas se han movido, apenas un temblor contra mi piel, y sin embargo, mi cuerpo entero ya no es más que espera, tensión, vértigo. Una cuerda demasiado tensa que solo espera romperse.
Su mano reposa sobre mi muslo. Ancha, caliente, firme. Una mano que no hace nada, y que ya hace to