Nahia
No he dormido realmente.
Sólo he estado semiinconsciente entre dos sobresaltos, dos fragmentos de pesadillas sin rostro, donde manos invisibles me arrastraban bajo el agua, me encerraban en sábanas de terciopelo negro.
Me despierto de un salto con la sensación de asfixia. La garganta seca. Las sienes doloridas.
Camila se estira a mi lado, con el cabello desordenado, todavía somnolienta. Bosteza sin pudor y me dirige una sonrisa borrosa.
— Soñé que comíamos churros en una playa en España…