Llegué a casa con los pies pesados, el alma agotada. Le pedí a Mathias que me dejara sola esa noche. Él me miró con preocupación, insistiendo en quedarse, pero al final cedió con una última frase que me dejó helada:
—No tardes mucho en dejar de huir de todo esto… No estás sola, Ana. No más.
Asentí, pero no pude responderle.
Apenas cerré la puerta, llegaron los mensajes. Mi celular vibraba sin parar. *Mamá.* *Papá.* *Diana.* *Los medios.*
Todo era un caos.
> “Ana, ¿qué demonios está pasando?”
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