No dormí. La noche fue un tormento. Cada vez que cerraba los ojos, imaginaba el rostro de Fabián, borroso, entremezclado con recuerdos que quizás él ya había recuperado… o que nunca regresarían. Me revolvía en la cama del hospital como una niña inquieta, mientras Matías me pedía que intentara descansar. Pero ¿cómo descansar con Gerard en mi mente, con la promesa de un encuentro que podía cambiarlo todo?
Pasé el día con Matías. Él intentaba distraerme, hablándome de mil cosas que no retuve. Era