—Si te vas ahora, Fabián… —mi voz salió temblorosa, pero firme al mismo tiempo—. Te lo juro, no volveremos a estar juntos nunca más.
Él se detuvo en seco, la mano aún en la manija de la puerta. Giró hacia mí con esos ojos que siempre me habían atravesado como cuchillas.
—¿De qué hablas, Ana? —su tono era helado, arrogante, hiriente—. Tú ya eres feliz con Matías, ¿qué ganas con volver a enredar vidas?
Mis lágrimas me nublaban, pero respiré profundo. Ya no podía guardarlo más.
—De una vez por tod