Capítulo 114

—Fabián… —susurré, sintiendo que el corazón me golpeaba el pecho—. Yo no entiendo nada, necesito que me digas la verdad.

Él levantó la mirada del bebé, con esa arrogancia fría que conocía tan bien, y me fulminó con los ojos.

—No entiendo tú qué haces aquí, Ana. —Su voz sonó dura, distante, como si cada palabra fuese un muro entre nosotros—. Ni siquiera entiendo cómo acabé en la habitación de un hospital contigo. No entiendo. Tú no tienes nada que ver conmigo.

Sus palabras fueron como un balde de agua helada. Me quedé estática, sin aire, mirándolo con incredulidad.

—¿Cómo así, Fabián? —balbuceé, la voz quebrada—….tú hiciste todo, Tú preparaste la habitación, tú me buscaste, tú… me hiciste todo.

Él arqueó una ceja y me miró como si estuviera diciendo una locura.

—¿Qué? Yo no hice nada de eso —replicó, con un gesto de fastidio—. ¿Qué pasa, Ana? Todo lo que está diciendo no tiene nada que ver. Entienda que ahorita yo estoy con mi hijo. Tuvimos un accidente con Verónica, no entiendo muy bi
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