Capítulo 115

—No, Matías… —dije con la voz quebrada, abrazándome el vientre sin poder contener las lágrimas—. La única esperanza que me queda es que Verónica despierte, que salga con vida y aclare toda esta confusión.

Él se quedó en silencio, con esa mirada profunda que me hablaba más que cualquier palabra. Me acarició el hombro y cambió de tema, como buscando darme un respiro.

—¿Has comido algo? —preguntó, suave pero con firmeza—. Tienes que alimentarte, Ana. No puedes seguir así.

Negué despacio, sintiéndo
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