No entendía nada. Me quedé sentada en esa cama blanca, helada, con las palabras de Fabián repitiéndose una y otra vez en mi cabeza como un martillazo: *“Esa mujer, su pequeño hijo…”*.
¿Otra vez? ¿Otra vez yo en este lugar, sintiendo que me quedaba al margen? ¿Qué hice yo para que me tratara así? ¿Por qué cada vez que parecía que lo tenía de vuelta, él me empujaba hacia la sombra?
El nudo en mi garganta crecía. La angustia no me dejaba respirar, y la idea de que todo volviera a ser como antes, d