CAPÍTULO — EL LATIDO QUE CAMBIÓ TODO
La mesa estaba servida en la casa grande de la manada. El olor a pan recién hecho se mezclaba con el estofado caliente, y las velas iluminaban los rostros con un resplandor cálido. Por primera vez en mucho tiempo, Khael, Eliana, Nayara, Gael y Alaric compartían una cena en paz.
Había risas, había brindis, y también silencios cargados de emoción. Eliana no dejaba de mirar a su hija como si quisiera memorizar cada gesto, cada sonrisa, cada palabra. Khael, p