CAPÍTULO — LA VOZ DEL ALFA
La manada se había reunido en círculo. El aire vibraba con emoción, con lágrimas contenidas y aullidos que se entrelazaban en el viento como un canto sagrado. En el centro, Nayara y Eliana permanecían fundidas en un abrazo que parecía eterno. Madre e hija, después de tantos años, después de tantas pruebas, se habían encontrado al fin.
Eliana acariciaba el rostro de su hija con manos temblorosas.
—Perdóname, mi amor. Perdóname por haberte dejado. Es que no podía…