Epílogo — La Noche de Lorien
Un año después, la manada se había convertido en un lugar donde la rutina no era sinónimo de aburrimiento, sino de calma conquistada. El peligro, aunque nunca desaparecía por completo, ya no rondaba como un fantasma constante. En su lugar, los bosques respiraban un aire distinto, con más risas que gritos, con más canciones que lamentos. Y, en medio de todo eso, la casa del Alfa y de su Luna se había transformado en el centro de un pequeño universo gobernado por cua