CAPÍTULO —TE ELIJO DE NUEVO
Nayara apretó los ojos en la oscuridad, y la voz de su loba, esa conciencia caliente que le lamía los bordes del miedo, habló como un latido dentro de su pecho: ya basta, Nayara; ya lloramos, ya peleamos, ya pagamos; Gael también cayó y se levantó; perdió a su madre, perdió a su manada, te perdió a vos; no le demos el gusto a la bruja; hoy elegimos nosotras. Y en esa certeza que no pedía permiso ni pedía perdón, se incorporó sin encender la lámpara, abrió la puerta