—Antes de que sigas con tus amenazas, Logan, tengo una reunión privada con un inversionista japonés.
Logan arqueó una ceja, confundido. Se levantó de la silla de inmediato, como si le hubieran concedido un respiro.
—¿A dónde vas? —preguntó Nathan, con la voz grave que sonaba más a orden que a simple duda.
—Acabas de decirme que tienes una reunión privada… me voy, ¿no? —contestó Logan, con un deje de ironía en su tono.
Nathan esbozó una sonrisa helada, una que jamás llegaba a los ojos.
—No. Quéd