La mañana siguiente llegó envuelta en un aire extraño, como si el amanecer hubiera arrastrado consigo el eco de la noche anterior. Logan conducía uno de sus coches favoritos, un deportivo negro con líneas agresivas que rugía con cada acelerón. La ciudad parecía abrirse a su paso, y aunque llevaba gafas oscuras y el rostro sereno, por dentro seguía vibrando con la adrenalina de la carrera clandestina que lo había mantenido despierto hasta casi el amanecer.
Se estacionó frente al edificio princip