La oficina había quedado en un silencio espeso luego de que el señor Nakamura se marchara. El aroma del café aún flotaba en el aire, mezclándose con la fragancia de madera pulida y el cuero fino de los sillones. Logan, como si nada hubiera pasado, volvió a su actitud provocadora: se recostó en la silla con total desparpajo y subió los pies al escritorio de caoba, ese mismo que Nathan cuidaba como si fuese un trono. Con una sonrisa arrogante, jugaba con sus propios dedos, mirándolos con una calm