Meses Después.
El amanecer caía dorado sobre el horizonte.
El mar respiraba en calma, con olas que besaban la orilla y retrocedían lentamente, dejando un rastro de espuma blanca.
La arena aún estaba fresca, y el aire olía a sal, a vida nueva.
Nathan y Logan caminaban descalzos junto al agua. El traje blanco de lino de Nathan ondeaba con el viento, y Logan llevaba los pantalones remangados hasta los tobillos, el cabello despeinado por la brisa marina. Detrás de ellos, en lo alto de una pequeña