Poco me importó estar desnuda al salir del baño. Mis pies, los cuales se sentían pesados, no se detuvieron hasta que tomé su brazo, impidiendo que saliera de la habitación. Tiré de él, haciendo que volteara y me enfrentará, a pesar de ser consciente que se giró porque quería, ya que tenía la fuerza suficiente para mantenerse firme.
Sus ojos cobrizos estaban fijos en los míos, sin mostrarse afectado por mi piel mojada.
—¡Pregúntame! ¡Pregúntame! —Le grité, sin importarme que nos pudieran escu