••Narra Evangeline••
El espejo del baño del hospital era pequeño, empañado, con una luz blanca y fría que lo bañaba todo. Pero a mí me pareció enorme. Enorme y cruel.
Me miré en el y no me reconocí. El rostro que me devolvía la mirada no era el mío. Estaba hinchado, amoratado, con los labios partidos y la nariz vendada. Mis ojos, antes verdes y brillantes, ahora estaban apagados, rodeados de ojeras moradas.
Las imágenes de las bofetadas se apoderaron de mi mente. Cómo me sujetaron mientras otro