••Narra Silvia••
La humedad se pegaba a mi piel como una segunda piel, fría y asfixiante. El olor a sangre y moho impregnaba mis fosas nasales hasta el punto de que ya no lo distinguía. Era parte de mí ahora. Como la rabia. Como el odio. Como la sed de venganza que crecía en mi pecho con cada hora que pasaba en este maldito sótano.
No podía creer que Cipriano me haya hecho esto a mí por culpa de esa mujer.
Ya no sabía cuánto tiempo llevaba encerrada aquí. Días. Semanas. Quizás meses. El tiempo