El corazón me latía a una velocidad abismal. Un hormigueo desagradable recorría mi piel.
—Yo… Lo siento mucho —Me levanté con dificultad, procurando no volver a tropezarme con mi propio tacón otra vez.
Me bajé el vestido por décima vez, procurando cubrir lo mejor que podía mis piernas.
El hombre me miró de arriba abajo, con su ceño fruncido. Casi me barrió como si fuera polvo debajo de la alfombra.
Soltó un gruñido enfurecido antes de girar sobre sus talones, con intención de perseguir a