••Narra Evangeline••
Caminábamos por los pasillos de la mansión, su mano firmemente enredada en la mía. Mis tacones resonaban en el mármol, marcando el ritmo de mi corazón acelerado. A cada paso, sentía las miradas de los empleados clavándose en mi nuca, susurrando a mis espaldas. Pero Cipriano no se detenía. No miraba a nadie. Solo avanzaba, con esa seguridad que lo caracterizaba, como si el mundo entero fuera suyo.
Mantuve mi mejor cara de póquer al recorrer los pasillos, tratando de actuar c