••Narra Cipriano••
La sala de juntas era la misma de siempre. Paredes de madera oscura, una mesa larga de caoba que reflejaba las luces del techo y los retratos de mis antepasados observándonos desde las paredes. Sus ojos, pintados en óleo, parecían juzgar cada decisión que tomaba.
Pero hoy no sería yo quien estaría siendo juzgado.
Evangeline estaba sentada a mi lado. Su mano, aún amoratada pero cubierta por el guante rojo, descansaba sobre la mesa, mostrando el anillo de mi madre. Si a alguie