—¿Hola? ¿Sigues ahí? —La voz de Marcello seguía sonando en el celular, pegado a mi oreja, pero no podía escucharlo, no cuando tenía a mi futuro esposo frente a mí.
El corazón me latió con fuerza, no solo por miedo a ser escuchada, sino porque era la primera vez que Cipriano entraba en mi habitación. Después de tanto insinuarme, de tanto coqueteo, por fin estaba aquí, conmigo.
El celular se resbaló de mi mano, cayendo en la cama.
—Cipriano, ¿qué haces aquí? —dije, sintiendo la garganta rep