••Narra Marcello••
La voz del doctor se mantuvo firme, a diferencia de su cuerpo tembloroso y sus ojos atemorizados.
Me mantuve sentado en la silla detrás del escritorio que no me pertenecía, observando el laboratorio privado.
—Una disculpa, señor. He probado con los cuarenta afrodisíaco más conocidos y ninguno coincide, ni siquiera con el suyo. Debieron usar una sustancia menos conocida, tan vez experimental —Podía notar como se le resbalaba el celular de las manos debido al sudor, pero no lo