••Narra Silvia••
Arrojé el primer jarrón que vi en mi habitación, permitiendo que se destruyera contra el piso, que se rompiera en pedazos, esperando liberar aunque sea un poco de mi frustración.
—¡Esa maldita perra! —grité, desarreglado la cama, arrojando las almohadas al suelo, sacando las fundas de lugar—. ¡Me las va a pagar! ¡Lo juro por mi nombre, por mi apellido!
Tener que contenerme era una maldita pesadilla. Mi sangre corría con fuerza por mi cuerpo, sintiéndola más caliente, más espe