Mundo de ficçãoIniciar sessãoTras recuperar a su clan, Reinelle es capturada y vendida a una organización que la obliga a luchar en un Coliseo, donde los cambiaformas son convertidos en armas y el espectáculo es sobrevivir… un día más, por su hija. Mientras tanto, Markos, heredero de una poderosa manada, pierde a su padre y a su compañera durante un ataque de criaturas imposibles. Desesperado por encontrarla, acepta trabajar para una organización que promete respuestas… sin saber que es la misma responsable de su desgracia. Cuando descubre la verdad, ya es demasiado tarde para escapar. Y ahora su cachorra está dentro, en el corazón del Coliseo, utilizada para controlar a la hembra recién llegada: su pareja destinada. Ahora, atrapados en bandos opuestos, Reinelle y Markos deberán formar una alianza forzada para sobrevivir, enfrentando experimentos, traiciones y una amenaza mayor: alguien está creando una nueva raza. Y ellos podrían ser la clave… o el resultado final. En el Coliseo, sobrevivir es un espectáculo… pero escapar podría desatar una guerra.
Ler mais—Suéltala —dijo mi sobrino en la oscuridad.
—Claro que no. Ahora, sé un buen cachorro y sígueme.
Quise protestar, ordenarle que regresara al escondite, a la única seguridad que nos quedaba. Pero no pude. Convertirme en Luna en contra de mi voluntad me había dejado aturdida, débil, como si mi propio cuerpo ya no me perteneciera.
Algo luminoso se aferraba a mi piel. Lo sentía debajo, corriendo por mis venas, recordándome que ya no era una hembra normal.
Y fue justo en ese momento cuando el traidor —mi tío— decidió venir por mí… y por lo que quedaba de mi familia.
Tres miembros de nuestro propio clan sujetaron mi cuerpo agonizante y comenzaron a arrastrarme fuera de la cueva. La piedra raspó mi espalda, mi ropa, mi dignidad. Apenas podía mantener los ojos abiertos, pero aun así lo vi.
Mi sobrino.
Venía detrás de nosotros.
No.
Quise gritarle que se fuera. Que volviera con sus hermanos. Que mi trabajo era protegerlo a él, no al revés. Pero mi cabeza pesaba demasiado. Mi lengua no respondió. Mi cuerpo… tampoco.
Me sentí patética.
¿En qué momento pensé que podría hacerme cargo de tres cachorros después de abandonar la manada? ¿Después de que ese monstruo matara a mi hermano para reclamar el puesto de Alfa?
Por supuesto, él nunca podría ser Alfa mientras uno de los herederos siguiera con vida.
Y ahí estaba Mikael.
Siguiendo al hombre que planeaba matarlo.
Solo porque… me amaba.
Así como yo lo amaba a él.
Hice un último intento por moverme, por hablar, por detenerlo. Fue inútil.
Salimos de la cueva.
La luz del exterior atravesó mi cráneo como si alguien clavara garras dentro de mi cabeza. Gemí. La lluvia cayó sobre mí de inmediato, fría, insistente, empapándome hasta los huesos.
En algún punto, los hombres que me arrastraban se transformaron. Uno de ellos me lanzó sobre su lomo y comenzó a correr. Yo apenas era consciente de nada. Entraba y salía de la oscuridad, atrapada en ese limbo donde el dolor nunca desaparece, solo cambia de forma.
No sé cuánto tiempo pasó.
Cuando volví a abrir los ojos, estábamos dentro de otra cueva. Más grande. Más profunda. Más oscura.
El dolor en mi cabeza disminuyó apenas lo suficiente para poder enfocar.
Y entonces los vi.
Mi clan.
Un jadeo roto escapó de mi garganta.
Estaban encogidos, temblando, apenas cubiertos por harapos. Demacrados. La piel pegada a los huesos. Ojos hundidos. Vacíos.
Hambre.
Desesperación.
Eso fue lo que hizo con ellos.
Mientras yo huía con mis sobrinos, él se aseguró de llevar al resto al borde de la muerte.
—Lleven a la hembra a la piedra ceremonial —ordenó mi tío, transformándose sin siquiera mirarme.
No le importaba.
Su atención estaba completamente puesta en Mikael, que observaba la escena con horror.
Me arrastraron hasta el centro de la cueva y me dejaron caer sobre una superficie de piedra irregular. Puntiaguda. Fría. Sentí cómo la piel de mi espalda se abría en varios puntos, pero no hice ningún sonido.
No tenía fuerzas ni para eso.
El mundo giraba. El olor a humedad, sangre y miedo me llenaba los pulmones. Estaba segura de que vomitaría en cualquier momento.
—Deja ir a mi tía. Tu pelea es conmigo —dijo Mikael
Su voz temblaba… pero no retrocedía.
—Llegaremos a tu muerte pronto, querido sobrino —respondió el traidor, riendo—. Mientras tanto, deberías observar. Aprende cómo salvo a este clan de la extinción.
Un escalofrío recorrió mi cuerpo.
Estaba completamente loco.
Comenzaron a atarme. Cuerdas gruesas alrededor de mis muñecas, mis tobillos, tensándome contra aquella piedra extraña. Intenté resistirme. No lo logré.
Por el rabillo del ojo vi a un hombre acercarse.
Una jeringa en la mano.
El pánico me golpeó de lleno.
La luz bajo mi piel reaccionó de inmediato, expandiéndose, ardiendo, como si intentara escapar.
Pero era inútil. Nada iba a salvarme.
Cerré los ojos.
No por mí. Por ellos.
Por no haber hecho más. Por no haber sido suficiente para proteger a mis sobrinos… ni a la pequeña cachorra que había decidido llamar mía.
No servía como protectora.
No servía para nada.
Ojalá… mi muerte no fuera en vano.
—Yo soy Mikael, el verdadero Alfa del clan que intentas arrebatar, traidor.
Abrí los ojos de golpe.
La voz de Mikael ya no temblaba.
Era fría.
Irreconocible.
—Te reto —continuó—. Frente a nuestro pueblo. A un duelo a muerte por el liderato.
El hombre de la jeringa se detuvo.
El aire en la cueva cambió.
Silencio.
Según nuestras tradiciones, un reto así no podía ignorarse. Todo el clan debía presenciarlo. Nadie podía intervenir.
Ni siquiera yo.
Mi tío soltó una carcajada.
Larga. Burlona. Segura.
Y aun así…
A mí se me heló la sangre.
Porque en los ojos de Mikael… no había miedo.
Había decisión.
Y eso era mucho peor.
No había rastro de Edelle en la habitación.El pánico intentó abrirse paso dentro de mí, pero lo aplasté.No ahora.Fui directamente hacia Selene.Su cuerpo estaba tendido sobre el suelo en una postura imposible. Sus brazos y piernas descansaban en ángulos antinaturales y la sangre que la rodeaba era tanta que, por un instante, sentí que las piernas dejaban de sostenerme.Caí de rodillas a su lado.—Selene...Estiré los dedos hasta su cuello.Nada.Esperé.Un segundo.Dos.Entonces...Un pulso.Tan débil que dudé de haberlo sentido.Pero estaba allí.Seguía viva.Mi mirada recorrió el suelo y se detuvo en una pequeña bolsa de cuero abierta. A unos centímetros descansaba un pétalo de cerezo.No pensé.Ni un segundo.Tomé la bolsa, la abrí por completo y saqué un pequeño puñado.Los metí a mi boca y comencé a masticarlos con desesperación.Ella no estaba en condiciones de comer absolutamente nada por sí sola.Mientras preparaba aquella papilla, deslicé un brazo bajo su espalda y otro ba
No podía seguir perdiendo tiempo. Cada minuto que me tomó controlar a Gadiel fue un minuto en el que seguramente habían notado mi ausencia de las labores de limpieza.—¡Has estado años sin ella, unos minutos más no serán nada! —gruñí aferrándome a su cabeza para impedir que siguiera embistiendo la pared.Durante largos minutos, tanto la nueva pareja de Selene como yo intentamos tranquilizarlo. Cada vez que el oso daba un paso hacia el muro, entre los dos lo obligábamos a detenerse.—Que yo sepa, ninguna de las hembras con las que he convivido estos últimos días tiene pareja. Están a salvo, resguardadas y protegidas. Si me das la oportunidad de hablar contigo antes de que mandes a la mierda nuestro escondite, te hablaré del refugio...Solo entonces el enorme oso dejó escapar un resoplido y volvió a su forma humana.Yo aproveché aquellos preciosos segundos para recuperar el aliento.Gadiel tenía un montón de fuerza.—Debo irme antes de que vengan a buscarme. Por favor, no llamen la aten
—¿No deberías estar con el resto de las hembras? —miró a Edelle—. Y esa cachorra, ¿Por qué está aquí?No sonaba molesto.Solo curioso.Tragué saliva.Necesitaba responder bien.Por mí. Y por Edelle.—Mis amos... el Alfa Markos me pidió permanecer en su oficina con ella.Ambos me observaron durante unos segundos.Después desviaron la atención hacia el escritorio.Casi me desplomé del alivio.Era como si hubieran dejado de verme. Y eso era perfecto.Aproveché para moverme poco a poco hasta que mi espalda quedó contra la pared.Giré apenas el cuerpo para cubrir a Edelle con el mío.Ella seguía dormida. Respirando tranquila.Ajena a todo.Los observé sin atreverme siquiera a pestañear.Revisaban documentos. Uno tras otro. Leían.Volvían a acomodarlos exactamente donde estaban.Cuando terminaron...Destrozaron la habitación.Tomaron libros.Los hojeaban durante apenas unos segundos antes de lanzarlos al suelo.Rompieron la silla afelpada y hundieron las manos en el relleno.Registraron caj
Regresé apresuradamente por los pasillos.No podía evitar que, a pesar de que la situación seguía siendo horrible, una enorme sonrisa se negara a abandonar mi rostro una vez que superé la timidez inicial.Adom.Mi pareja.Era el halcón más increíblemente atractivo que había visto en toda mi vida.Bueno... tampoco había visto muchos.Pero él era el mejor. Sin duda.Sus músculos fuertes, la tranquilidad con la que hablaba, aquella autoridad natural que desprendía sin esfuerzo, sus ojos... Todo en él me atraía.Cuando lo vi aterrizar en el centro de la oficina de Markos, creí que estaba soñando.Hasta que capté su aroma.Mi pareja. Mi única y verdadera pareja.El mismo halcón cuyo olor había permanecido unos minutos en el rincón donde me escondía para soportar los días.Y él...Me había entregado una de sus plumas.Seguí corriendo sin detenerme hasta regresar a la oficina de Markos.Solo un par de Bersakers levantaron la vista cuando pasé frente a ellos. Al reconocer hacia dónde iba, vol
Último capítulo