Mundo ficciónIniciar sesión¿En la vida de una mujer, el peso realmente importa? Cansada de ser humillada por su peso por quien debía de ser su Alfa destinado y su propia hermana gemela, Camille Auclair ha decidido tomar las riendas de su destino, y luego de rechazar a Vincent Moreau el día de su ceremonia de vínculo, Camille ha captado la atención del poderoso Alfa Raphael Lambert, quien, cautivado de su fuerza y belleza, desea tomarla como su compañera destinada. Sin embargo, harta de ser tratada como moneda de cambio y de recibir humillaciones por su cuerpo, decide negarse al amor por completo, Camille no quiere ser la luna del Alfa Raphael, a quien no ama. Raphael, sin embargo, encuentra a Camille tan hermosa como la luna de sus sueños, y está decidido a conquistar el corazón de la luna curvy a la que ha elegido. Un año, Raphael le ha propuesto a Camille conocerse y vivir juntos durante un año sin ser marcada como su luna por él, prometiendo a la hermosa loba curvy liberarla sin marca de rechazo alguna si ella se niega a pertenecerle. ¿Podrá Raphael conquistar el corazón de la loba curvy? ¿O los celos de Juliette y Vincent vencerán? La química, el amor, y la confianza, a veces llegan desde donde menos lo esperas, y Camille elegirá su último destino.
Leer másNarra Camille:
En las puertas de mi ropero, colgaba mi vestido de novia…negro como la noche, la única “elección” que he tenido en la vida. Al día siguiente es mi boda, y después de eso, la ceremonia de apareamiento se llevaría a cabo, y yo, Camille Auclair, estaba perfectamente consciente de que mi Alfa, Vincent Moreau, no me amaba en lo absoluto, pues sus ojos siempre se habían mantenido vigilando a mi hermana gemela, menor que yo por solo algunos minutos…pues Juliette, era simplemente perfecta. Me miré en el espejo una vez más, como solía hacer de manera obsesiva todas las noches; allí estaban, los rollitos en mi estomago no se habían ido, y mis caderas demasiado anchas parecían temblar con la luz de las velas aromáticas que encendí intentando relajarme. Soy gorda, siempre lo he sido, y esa es la principal razón por la cual Vincent siempre me ha despreciado, y la única razón por la cual soy yo, y no Juliette, su luna prometida, es porque tuve la suerte (o la desgracia) de nacer primero, y como tal, siendo la primogénita de la casa Auclair, era yo quien debía de ser tomada por el hijo de la manada Moreau, aliados de mi padre, pues se tiene la creencia de que las hijas primogénitas son quienes nacen con la fuerza de la manada en el vientre, y por ende, mis cachorros serán más poderosos que los de mi hermana. Una gran estupidez que me ha condenado a permanecer atada a un hombre al que odio y que me odia. Una lagrima solitaria me recorre la mejilla derecha, y mi mirada se concentra en mi gordura… “Eres una vaca asquerosa, tendré que hacer un gran esfuerzo en la ceremonia de apareamiento para no vomitar debido a tu grasa.” “El me ama a mí, tu solo serás su luna ante la vista de todos y le darás a su hijo, pero seré yo quien duerma en su cama” “Tienes que cumplir tu deber…no tienes derecho a negarte a ser la luna de la manada Moreau.” DEBER Esa era la palabra que más detestaba, aun mas que me llamasen gorda. Nunca en mis 21 años de existir, tuve la oportunidad de elegir nada por mí misma, mis juguetes eran al gusto de mi caprichosa hermana gemela para que ella pudiese usarlos, mis vestidos debían de ser el doble de anchos para mí porque era Juliette quien tenía que resaltar, y sobre el amor…jamás pude escoger con quien unir mi vida, todo fue impuesto por terceros hacia mí. Sin embargo, el recuerdo de aquel dulce niño de mis memorias; aquel que conocí cuando solo tenía 6 años, y que me limpio la crema de mi vestido cuando Juliette y Vincent me empujaron en la mesa de postres de una fiesta, me hizo sentir el deseo de llorar. “Cuando sea grande, quiero que tu seas mi única luna, porque eres muy bonita.” Me dijo aquello con la inocencia propia de la niñez, sin embargo, jamás volví a verlo…y esa promesa infantil, se perdió en el olvido. En ese momento, sin embargo, mis pensamientos se vieron abruptamente interrumpidos, pues la puerta de mi habitación se abrió bruscamente…era Juliette, que, al igual que siempre, entraba a invadir mi espacio sin mi permiso. Su mirada cargada de odio me recorrió entera, como siempre hacía, y una mueca de disgusto se dibujó en su rostro mientras caminaba hacia mi vestido de novia. Sus delgados dedos recorrieron los encajes, y luego soltó un quejido molesto. —Solo serás la luna de la manada Moreau porque tuviste la suerte de nacer primero, pero, Camille, no debes de olvidar cuál es tu lugar, siempre vas a ser inferior a mí, incluso padre lo cree así, y te ha permitido ser la compañera de Vincent porque eres la mayor de nosotras…pero no lo olvides, el me ama a mí, y si yo hubiese nacido primero, este vestido tan horrendo sería otro, y Vincent completamente mío…padre me ha pedido que te informe que te espera en su estudio, tiene algo que decirte. — me dijo Juliette, tomando el vestido para luego dejarlo caer en el piso. —¿Por qué haces esto?, somos hermanas, somos gemelas, y yo jamás te hice ningún daño. — le reproché con amargura. Juliette soltó una risa seca, y pisando el vestido con sus tacones costosos, me miró fijamente. —Porque te odio…naciste primero, tú vas a ser la luna ante todos, mientras que yo me vi obligada a ir detrás de ti, y siempre supe que debía de unir mi vida a la de un cualquiera pues solo soy la segunda hija…y tú, maldita marrana asquerosa, solo por ser la mayor te conviertes en la luna de Vincent…mi único consuelo es saber que el jamás te ha amado y que jamás va a amarte, pues solo conmigo y en mi cama él ha descubierto el amor…ya verás lo que tiene padre que decirte, pero te diré una última cosa, Camille, Vicent será mío, así sea lo último que haga…tú vas a pagar el quitarme lo que me pertenece. — me respondió, y luego salió apresurada. Acercándome al vestido, lo levanté del suelo, se había ensuciado, pero no quise limpiarlo…aquellas marcas hechas por el tacón de mi hermana, eran la prueba innegable de cual era mi destino. Viviría pisoteada…humillada como siempre, resignada a ser nada. Como en automático, caminé por el pasillo hacia el despacho de mi padre, y al tocar la puerta, él me ordenó entrar. La habitación estaba oscura, y su alta figura se hallaba sentada detrás de su enorme escritorio de roble. Me indicó que me sentara, y así lo hice. —¿Para qué me ha llamado? — cuestioné apenas sin voz, pero ya presintiendo lo que tenía para decirme. El me dio una mirada cargada de desprecio y asco, tal cual me había mirado siempre. —Mañana te marcharás después de tu ceremonia de apareamiento…pero no lo harás tu sola con Vincent. — me dijo tajante, y yo tragué duro ya sabiendo lo que venía a continuación. —¿Qué es lo que eso significa? — cuestioné sabiéndolo. —Juliette se irá con ustedes, oficialmente tú serás la luna de la manada Moreau, pero para nadie es un secreto que Vincent y tu hermana se aman…solo serás la fachada, pero ella será su verdadera mujer…debes de quedar preñada en tu primera y única noche con Vincent, y después de dar a luz a su primogénito, formaras parte de las sirvientas de tu hermana en la mansión Moreau, ya lo he arreglado todo, ella no puede vivir sin Vincent, y no voy a negarle su felicidad tan solo porque tu naciste primero…además, los padres de Vincent no te toleran como nadie lo hace, eres una mujer fea, descuidada, gorda…muy indeseable, cumple con tu deber y hazte a un lado, te permití ser la luna de los Moreau tan solo por tu deber como primogénita, pero después de que lo hayas cumplido, seguirás en las sombras en donde no puedas avergonzarme. Eso es todo, retírate a tu habitación y no salgas de allí hasta que llegue el momento de la ceremonia. — mi padre me dijo con frialdad.Narra Raphael:El tiempo, esa corriente caprichosa que en otros tiempos amenazó con arrastrarnos hacia el abismo, ha tenido la gentileza de curar las heridas más profundas del mundo. Han pasado cuatro años desde aquella fatídica noche en que el infierno amenazó con devorarnos, cuatro años desde que el fuego oscuro de los Otros intentó apagar la esperanza y la vida misma.Hoy, al recorrer con la mirada los vastos y prósperos campos de los dominios Roshan, donde la hierba verde y frondosa ha vuelto a extenderse con una vitalidad renovada, siento que la paz ya no es un sueño lejano, sino una realidad palpable y sagrada.Y en el centro de ese universo recuperado, caminando entre los rosales florecidos con una sonrisa que ilumina hasta el rincón más oscuro de mi alma, se encuentra ella.Ya no es Camille. Ese nombre quedó enterrado en el pasado, sepultado junto a las lágrimas, el dolor, el desprecio y las cadenas invisibles de una vida que intentó destruirla. Hoy, la mujer que sostiene mi c
Narra Camille:El abismo no era un lugar de fuego ni de castigo eterno; era un espacio de una quietud absoluta, un mar de terciopelo negro donde el tiempo había dejado de latir. Flotaba en esa inmensidad sin peso, sin dolor, con la certeza absoluta de que el aliento que había sostenido mi cuerpo se había extinguido al otro lado del velo.Sabía que estaba muerta. Y lo que pesaba más que la propia muerte en mi conciencia era la dolorosa certeza del precio que habíamos pagado. Al sellar la brecha de los Otros, al fusionar mi magia con la de los Alfas elementales, había consumido no solo mi propia existencia, sino también la pequeña y frágil vida que latía en mi vientre. Mi hijo, el fruto sagrado de mi amor con Raphael, se había desvanecido conmigo en el altar del sacrificio por un mundo que apenas comenzaba a merecer la paz.Una profunda y dolorosa resignación me invadió. Si el mundo vivía, si Raphael respiraba, si los niños de las manadas tenían un mañana bajo el sol, entonces mi sacrif
Narra Camille:El mundo a mi alrededor parecía haberse detenido, reducido a un eco lejano y sordo. En medio del dolor por la pérdida de Enzo y la tensión sofocante que envolvía los restos de la manada Roshan, un zumbido sutil comenzó a nacer en el fondo de mi mente. No era un sonido físico; era una llamada ancestral, profunda y magnética, que atravesaba el tejido mismo de la tierra y resonaba directamente en mi sangre.“Camille...”La voz canturreaba en un idioma antiguo; un coro de susurros que llamaba mi nombre con una urgencia sagrada. Mis ojos, fijos en el horizonte donde el humo negro de las ruinas oscurecía el cielo, perdieron el foco. Mis pies comenzaron a moverse por voluntad propia, desprendiéndose del suelo con una ligereza extraña, como si una corriente invisible me arrastrara hacia el norte, hacia donde Raphael y los Alfas elementales luchaban contra el abismo.—¡Mi señora! ¡Camille, ¿a dónde vas?! — la voz de Celeste resonó a mis espaldas, llena de pánico.Sentí que unas
Narra Raphael:El estruendo del colapso final de la mansión Auclair dejó tras de sí una densa columna de humo negro que se elevaba hacia el cielo gris de la madrugada, mezclándose con las cenizas de un legado podrido por la ambición y la locura. Con Camille firmemente asegurada entre mis brazos, aparté la mirada de los escombros humeantes, pero una fría necesidad táctica me hizo detener el paso antes de ordenar la retirada.Aún no podíamos marcharnos. Tenía que estar absolutamente seguro de que los monstruos que habían incendiado nuestro mundo no habían encontrado una rendija para escapar de nuevo.—Delta. —llamé con voz firme, bajando a Camille con extrema delicadeza al suelo, asegurándome de que se mantuviera a salvo junto al perímetro de los vehículos. — Deja a un par de hombres custodiando a mi esposa. El resto, conmigo. Vamos a remover los escombros. Quiero pruebas físicas de que el fuego se ha tragado esta pesadilla por completo. —Delta asintió de inmediato. Con las manos envue





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