Prólogo Parte III.

Detrás de mis párpados, el brillo se intensificó y mi corazón dio un latido.

Hizo que mi cuerpo tuviera un espasmo que lo recorrió por completo.

Otro latido, luego otro.

Aspiré aire abruptamente, como si me hubiera estado ahogando, y mis sentidos regresaron de golpe.

Eso me provocó una ligera jaqueca mientras el fuego que me consumía regresaba hacia mi vientre y se convertía en una enorme bola furiosa de energía.

El mareo anterior al fuego había desaparecido.

Abrí los ojos y vi que varios traidores me rodeaban, sujetando mis extremidades. También vi a uno más, parado frente a mí, inclinándose peligrosamente hacia mi estómago con una aguja y una sonrisa cruel.

Comprobé que mis músculos pudieran responderme correctamente y luego solté un par de patadas fuertes.

De alguna forma, los traidores salieron volando. Ya analizaría después qué m****a estaba pasando; por ahora lo importante era que el traidor no me volviera a inyectar… lo que sea que tenía en la mano.

Hice otro movimiento brusco para deshacerme de los traidores que seguían sujetando mis manos y luego fui directa por el tipo de la jeringa.

No solo era la fuerza, sino que ahora era más rápida también. En medio segundo, yo tenía su cuello en mis manos y lo partía con la facilidad de romper una delgada rama con la más mínima presión.

Dejé su cuerpo caer sin más y luego fui por el resto de los osos.

Algunos intentaron huir. Lamentablemente para ellos, yo no me encontraba de buen humor y, en segundos, sin importar en qué forma estuvieran, arranqué patas, brazos y piernas por igual antes de transformarme en osa y aplastar sus cráneos.

No había piedad para los traidores.

Me tomé unos segundos para analizar mi alrededor y volver a mi forma humana; vi a algunos miembros del clan en una esquina de la cueva en la que me habían metido. Aún me temblaban las manos, y la rabia seguía allí, latiendo bajo mi piel.

Ahora Mikael podría recuperar un poco de su… Oh, joder. Debía ir a buscarlo.

Mi cabeza se alzó rápidamente al sentir pasos acercándose a la cueva. Eran… pequeños.

Mikael apareció cubierto de sangre y con los ojos llorosos.

Ahí lo supe. Él olía como el verdadero Alfa, y mi corazón se aligeró un poco ante un problema menos.

Me arrodillé, justo como lo dictaba la tradición cuando un nuevo Alfa se alza para liderar al clan.

—Alfa —dije al mismo tiempo que el resto de los ocupantes en la cueva.

Él mandó a todo el mundo a cerrar los ojos y corrió hacia mí. Lo abracé mientras lloraba y sollozaba como si tuviera el corazón roto.

A pesar de que me dolía casi todo el cuerpo, no lo aparté.

---

Mikael había sobrevivido a una pelea contra un adulto de milagro. Era nuestro Alfa, indiscutiblemente.

No hablé con él sobre lo que pasó dentro o fuera de aquella cueva; había cosas más importantes de qué encargarnos ahora mismo.

Hubo un poco de caos por saber qué hacer a continuación, así que ayudé a mi sobrino lo mejor que pude.

Nuestro clan no podía volver al territorio, ya que el traidor lo quemó hasta sus cimientos.

Mientras tanto, mudamos a los pocos miembros que quedaban hacia una cueva cercana a otra manada.

Regresar por mi pequeña hija fue un alivio para mi corazón. Sin embargo, algo me decía que no volvería a dormir tranquila hasta que no viera el cuerpo frío del traidor por mí misma.

Desde mi ceremonia para saber si era fértil, el temor se había apoderado de mis días y noches por igual. El sudor frío era algo común para mí, y algo con lo que había estado luchando durante largos y tormentosos cuatro años.

Puse mi mente en blanco y llegué hasta el lugar donde el aroma a muerte era más fuerte.

La escena frente a mí no parecía real.

Sangre, huesos, carne…

Si no fuera por el olor, pensaría que lo que quedaba de ese cuerpo, que parecía haber sido atacado por miles de animales salvajes, no había sido antes el traidor.

Las lágrimas calientes comenzaron a recorrer mis mejillas.

Por fin había terminado.

Traté de memorizar la escena detalle por detalle. Sería la imagen que evocaría por las noches cuando no pudiera dormir.

Cuando consideré que había sido suficiente, me di la vuelta para volver. La vida debía de continuar...

Me congelé.

—Me preguntaba cuándo te darías cuenta de mi presencia —dijo el tipo delante de mí, sosteniendo un arma.

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