Mundo de ficçãoIniciar sessãoAspiré disimuladamente; era un lobo.
—Comienza a caminar hacia esa dirección —dijo, señalando hacia mi izquierda—. Antes de que le dispare a tu bebé, hembra.
Lo hice sin resistencia, aunque cada fibra de mi cuerpo gritaba por atacar. Medí la distancia, el ángulo de su brazo, la presión en su voz. Podía matarlo… pero no antes de que disparara. Y no iba a arriesgarme con mi cachorra en brazos.
Me maldije internamente. ¿Cómo fui tan estúpida como para exponerme no solo a mí, sino a mi hija al peligro, solo para sanar viejas heridas?
Caminamos hasta la carretera y, de alguna forma, llegamos hasta un camión.
Me dijo que no me moviera en cuanto estuve frente a las puertas traseras. Parecía que habían sido golpeadas con fuerza desde adentro, ya que estaban bastante abolladas. Era como si algo hubiera salido de ahí a base de fuerza bruta.
Algo más había estado ahí.
Algo que no había salido ileso.
—Sube.
Eso hice. En el interior se encontraban algunas cadenas rotas que me hicieron tensarme. No eran viejas. No estaban oxidadas. Habían sido arrancadas.
Un escalofrío me recorrió la espalda.
Subió detrás de mí y me pidió que le entregara a mi hija. Yo le gruñí, baja, amenazante.
—Tienes dos opciones: me das a tu hija y yo no le hago daño hasta que tú y yo lleguemos a tu lindo nuevo hogar, o la mato aquí mismo y te llevo de todas formas. Elige, y no hagas tonterías. Ya estoy lo suficientemente molesto hoy con tanta incompetencia por parte de los jodidos osos y lobos que traje hasta aquí.
Mi agarre se tensó alrededor de ella. Podía sentir su calor, su respiración. Mía. Mi responsabilidad.
Me giré, lista para mandarlo a la m****a y sacar mis garras...
El disparo resonó dentro del camión.
El dolor me atravesó el brazo como fuego, pero no fue eso lo que me detuvo.
Fue ver cómo había movido el arma.
No apuntó a ella. Apuntó a mí.
Un aviso.
—Dame a la niña.
Mi cuerpo se quedó rígido. Cada instinto en mí gritaba que lo matara. Que lo despedazara. Que lo hiciera pagar.
Pero no podía.
No mientras ella estuviera en riesgo.
Muy despacio, con cada músculo temblando de rabia contenida, la bajé y la coloqué en el suelo.
—Date la vuelta.
Lo hice.
Sentí el pinchazo en el cuello y apenas tuve tiempo de reaccionar antes de que mis piernas cedieran y cayera al suelo con brusquedad.
—Y es por esto que el trabajo hay que hacerlo uno mismo. ¿Es que es tan difícil capturar a una hembra?
Quise moverme. No pude.
Quise girar la cabeza. No pude.
Mi mundo comenzó a oscurecerse.
Lo último que sentí fue el vacío… y la furia, aún ardiendo bajo mi piel.
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La siguiente vez que recuperé mis sentidos no fue agradable.
El olor a sal me golpeó primero.
Luego el movimiento.
Abrí los ojos por completo.
Metal. Oscuridad. Espacio reducido.
Mi cuerpo se sentía pesado, pero la conciencia era clara. Y con ella, la realidad cayó como un golpe seco.
Ya no estaba cerca de mi clan.
Ya no había nadie que pudiera ayudarme.
Cerré los ojos un segundo.
Al menos había cumplido con mi deber hacia mi hermano. Sus cachorros estaban a salvo.
Ahora… solo tenía que salvar a mi cachorra. Y a mí misma.







