LÍA
Cuando Dalton cerró la puerta tras de mí, todavía sentía el eco de la voz de Elías rebotando en mis nervios. Ese hombre era una amenaza, pero no por las razones que Dalton imaginaba. Elías era solo ruido de fondo; el verdadero peligro estaba al acecho mucho más lejos, en las sombras de un pasado que me negaba a revivir.
No podía. No quería. Temí por mi vida.
Sentí la palma cálida de Dalton en mi brazo, guiándome con esa urgencia suya que era mitad protección, mitad posesión.
— Tenemos que ha