LÍA
El murmullo de las copas y el tintinear de los cubiertos se fue apagando cuando pedí silencio con un simple gesto de mi mano. El restaurante, aunque elegante, ahora se sentía como una sala de operaciones bajo mi control. Los socios de John, tiburones con colmillos afilados, se inclinaron hacia adelante como si olieran sangre.
Yo respiré hondo y pronuncié.
—Erevos, quiero que les muestres a nuestros invitados tu capacidad predictiva en mercados bursátiles.
La pantalla titiló. Ese círculo verd