DALTON
Elías irrumpió en la oficina como si fuera un reality show grabado en vivo. Sus pasos eran ruidosos, su entusiasmo desbordado y su sonrisa. . . Esa sonrisa de “sé más de lo que aparento” que usaba desde que éramos niños. Lía retrocedió apenas un poco, ajustándose la blusa con una discreción que solo yo noté.
Mis huevos lloraron.
— ¡Pero mírate, primo! Tan CEO, tan poderoso —. Dijo Elías, dándome una palmada en la espalda que casi me reacomoda las vértebras— ¿Ella es tu asistente? —Pregun