El silencio de la casa contrastaba con el bullicio del cumpleaños de horas antes. La abuela dormía, los primos se habían ido, y el padre de Camila lavaba lentamente las copas en la cocina. Julián había intentado marcharse temprano, pero no pudo. El padre de Camila se lo impidió con una frase seca:
—Quédate un momento. Necesito hablar contigo.
Julián asintió, aunque sintió el peso de esas palabras en el estómago.
Ahora estaban en el porche trasero, apenas iluminado por una farola vieja. El aire