La lluvia en el Sector Norte de la ciudad no lavaba la suciedad; solo la convertía en un lodo aceitoso que reflejaba las luces de los drones de vigilancia. Amelia, Julian y Valerius se encontraban en el refugio de una antigua imprenta abandonada, un lugar donde el olor a tinta seca y metal oxidado ayudaba a camuflar su rastro de la Fundación.
—La señal de Omega es intermitente —dijo Valerius, ajustando un escáner de frecuencia en una mesa de madera carcomida—. Es como si estuviera gritando bajo